Otro acierto de esa Marvel erróneamente etiquetada como “hipster”. Otra colección de un personaje marginal que es mucho mejor y mil veces más interesante que los peces gordos ‘vengativos’ o ‘mutantosos’ del estanque. Un guionista que brilla sin esforzarse. Un dibujante que da el do de pecho y lecciones de narración en cada número. Bienvenidos a la vida de Marc Spector.
Por Javier Marquina.

Parte 1. Soy mucho mejor que tú.

No hay nada como saber que estás por encima del bien y del mal. Que pilotas la nave más rápida. Que tienes el arma más grande. No hay nada como saber que lo que a ti no te supone esfuerzo alguno, para el resto de la humanidad es una tarea épica e inasumible, de esas que te llevan a la tumba entre desgarradores gritos de obsesión. Si a Warren Ellis le pones un lápiz sin punta en el orto, será capaz de escribir mejores guiones que, por poner un ejemplo casual y totalmente aleatorio, mi adorado Matt Fraction hinchado de superhormonas mutantes de desarrollo cerebral. Lo que para él es claramente un trabajo destinado a financiar proyectos más intensos y personales, para otros son historias que ni en un millón de años podrán igualar. Miro estos seis números del caballero Luna, y tengo sueños húmedos con lo que Ellis podría llegar a crear con autores del talento de David Aja. Imagino a esos dibujantes que hacen buenos a guionistas mediocres y eyaculo intelectualmente con las posibilidades que los factores talento y libertad pueden producir en un cómic Marvel.

En los números incluidos en este tomo, Ellis abraza de nuevo la tradición casi perdida de los números autoconclusivos, y nos cuenta 6 historias diferentes en las que lo menos importantes es el porqué, mientras que el cómo pasa a ser el eje central alrededor del que todo se desarrolla. No importa la calle por la que llegaste a esa plaza, sino las bofetadas que vas a repartir a la gente que esta armando bulla en ella. Cómics de leer y releer. Admirables y sencillos. Directos, rápidos y muy satisfactorios, como un subidón de adrenalina después de un logro conseguido. Ellis haciendo el bien sin despeinarse, dando una lección callada y discreta a muchos otros calvos presuntuosos. Ellis diciendo “soy mucho mejor que tú” en una colección que seguramente cerrara en su número 13.

Parte 2. Narrar lo es todo.

Sabía que Declan Shalvey existía porque había leído alguno de sus números en la colección de los Thunderbolts mientras la guionizaba Jeff Parker, pero la verdad es que no le había prestado demasiada atención, quizá porque ese trabajo tampoco merecía mucha atención prestada. Sin embargo, el dibujante que nos deleita en estos 6 números redondos, es un artista que se ha encontrado a sí mismo y que, además, se muere por demostrarlo. Composición, ritmo, encuadre… todo sirve para contarnos una historia y para hacerlo de manera precisa y genial. La sensación de estar ante un experimento gráfico y formal en cada episodio se diluye ante la satisfacción que el lector experimenta cuando le cuentan lo que le quieren contar de una manera visualmente impecable, clara y concisa. Ojalá esta fuera la norma y no la excepción. Por si fuera poco, el color corre a cargo de Jordie Bellaire, esa colorista de talento descomunal que parece ser el perejil de todas las salsas poniendo su paleta en varios de los mejores cómics americanos del momento.

Un dibujo que es narración pura, acción cinematográfica, una deliciosa mezcla de talento, recursos y trucos. Un Caballero Luna en impoluto traje y corbata blanco repartiendo hostias como panes de tres moños. Números redondos como el homenaje a películas como The Raid o Dredd, un portento en todos los aspectos. Arte, cómic y dibujo lleno de clase hecho por un artista que se destapa como excepcional y al que habrá que seguir la pista.

Parte 3. ¿Alguien da más?

Si leer casi exclusivamente las colecciones de esta Marvel outsider, marginal y condenada al fracaso es ser un Marvelhipster, me declaro culpable. Si disfrutar de series negras y secas como esta, sin concesiones al lector, directas y contundentes como un trago de alcohol, es haber dejado de ser un Marvel Zombie tradicional, asumo mi culpa. No creo que eso sea así. Es más, creo que es más bien todo lo contrario. Que una y otra vez surjan colecciones de este estilo aunque sea para condenarlas siempre al cierre, me hace sonreír con nostalgia. Es un rayo de esperanza, una esperanza estúpida y seguramente abocada al fracaso, pero esperanza al fin y al cabo. Hay vida más allá de los titanes superventas. Hay una posibilidad real de hacer cosas diferentes en la manos de la gente con talento. Sigue habiendo buenas historias de superheroes esperando a salir de las mentes adecuadas, alejadas de la corriente imparable del cine, el merchandising y el puro y duro negocio. Todavía hay algo de esa magia insuperable que nos encandiló a todos, que se ancló en nuestro cerebro, que nos dió horas y horas de diversión en estado puro. Todavía quedan tesoros. Sólo necesitamos encontrar los mapas para desenterrarlos.

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