Un nuevo hito para Marvel y las películas de superhéroes
Por Chema Mansilla

La comparaciones son odiosas. Y sería muy fácil decir algo como “Snyder, pilla papel y lápiz y apunta: se hace así”. No basta con tomar un par de personajes icónicos, tratar de retratar su mitología en algunos minutos de metraje y luego soltarlos a lo loco en medio de una ciudad para que se enzarcen como dos perros de pelea. Si tu historia consiste en narrar el conflicto entre dos personajes de semejante calado, hay que planificar el antes, el durante y el después de ese conflicto. Lo primero, para que resulte verídico, lo segundo para que la tensión emocional de los personajes se contagie al público. En definitiva, para que el conflicto sirva para algo, y tenga consecuencias argumentales.

Con Capitán América: Civil War Marvel ha trabajado con éxito esos tres elementos narrativos (antes, durante y después) para que la película sea algo más que una anecdótica pelea callejera de semidioses borrachos de poder. Es cierto que la golosina, en momento definitivo que el público va a ver al cine, no deja de ser una pelea espectacular llena de efectos especiales. Pero en Civil War no se trata de un reclamo extendido durante todo el metraje, si no de un una pieza argumental que se engrana con una historia. La película arranca con una vertiginosa escena de acción que no sólo funciona como detonante de los acontecimientos de la suceden, también se engrana en ese macrocosmos que Marvel lleva años trabajando en la pantalla. Las Naciones Unidas deciden crear un acta de registro con el que poder controlar a todos los humanos superpoderosos del planeta y que estos trabajen y respondan ante ellos. La premisa es muy similar a la de los cómics, y no se debe sólo al incidente inicial de la película si no que viene a ser la gota que colma el vaso. Los acontecimientos de la primera película de Los Vengadores, Capitán América: Soldado de Invierno y Los Vengadores: La Era de Ultrón nos aportan ese background para la trama que pone al espectador en antecedentes y que sirve para abogar por la necesidad de tener a todos estos personajes controlados por un organismo internacional: cada vez que estos tipos se ponen el pijama y salen a la calle, se lía parda. ¿Cómo no va a el espectador a ver justa y necesaria ese acta de registro y a apoyar a Tony Stark, el carismático Iron Man?

Pues gran parte del público no lo hará, porque compartirá la visión de Steve Rogers, el no menos carismático Capitán América, de que ha de ser cada uno el que decida lo que es bueno o malo y actuar en consecuencia, y que ese tipo de decisiones sobre cómo y cuándo deben actuar no pueden tomarlas personas y asociaciones con sus propias agendas y motivos, normalmente desconocidos.
Si los protagonistas de la película están divididos, también lo está el público. Apenas hemos llegado a un tercio del metraje y los hermanos Russo complican todavía más este conflicto añadiendo matices de gris con cada personaje que toma partido por uno u otro bando, desde el soldado fiel a su gobierno y las instituciones que representa, como Máquina de Guerra, al personaje recién incorporado a las filas que trata de hacer lo correcto con un gran poder que no es capaz de controlar totalmente y que corre el riesgo de convertirse en el chivo expiatorio de esta explosiva situación, como es Bruja Escarlata.

Todos esos matices forman el escenario sobre el que se mueve una cantidad ingente de personajes salidos de las viñetas y que no dejan de reforzar tramas personales, más allá de ser una aparición anecdótica para llenar pantalla en los momentos de acción. Soldado de Invierno y sus acciones sirven de McGuffin para mover de la trama de un escenario a otro, pero pone cara al conflicto entre Tony y Steve. Él representa el poder y la responsabilidad, y mantiene la trama en movimiento. Una trama que avanza no sólo a golpe de pelea y explosión, si no también en conversaciones entre dos personajes, en un despacho, que tienen mucha más intensidad emocional en apenas unos minutos que otras películas en dos horas de pelea a puñetazo limpio. Y eso es, de nuevo, el que creo que es el mayor éxito de Marvel entrando en acción. Yo no me creo a Iron Man porque crea posible que un tipo pueda fabricarse una armadura y volar, o no me creo al Capitán América porque crea que el Suero del Súper Soldado pueda convertir a un chico de Brooklyn en el boyscout definitivo. Yo me creo esos personajes porque me creo a Tony Stark. Porque me creo a Steve Rogers. Comprendo sus motivaciones, las comparta o no. Y esos personajes son la firme base sobre la que se construye la mitología de Iron Man y el Capitán América. Y es una fórmula que Marvel sabe utilizar tan bien que no sólo funciona con personajes que ya tienen cuatro o cinco películas a su espalda, funciona a las mil maravillas con personajes que son presentados en esta película, como Pantera Negra y Spider-Man.

¿Qué puedo decir de Pantera Negra y Spider-Man? Dos de mis personajes Marvel preferidos de todos los tiempos y dos de los más complicados de poner en pantalla, cada uno por sus propias particularidades. Pantera Negra es el monarca de un diminuto país africano dueño de una tecnología súper avanzada que defiende los intereses de su reino por encima de todas las cosas. ¿Cómo hacer de Pantera Negra un héroe, cuando sus motivaciones son tan egoístas? Marvel redondea la presentación de este personaje hasta en las escena post-crédito de la película. Spider-Man es un personaje archiconocido por el público, que ha visto su origen en pantalla hasta en dos ocasiones recientemente (si es que no lo conocía ya de antes) y que difícilmente sorprenderá a nadie dando saltos y haciendo piruetas en pantalla. Y a pesar de ello Marvel y los Russo consiguen implantarlo en el argumento de la película, de manera algo quirúrgica (hay que reconocerlo), y hacer de su versión la más fiel y gratificante para el fan de Marvel. El Spider-Man de Civil War es, personalmente y de momento, el Spider-Man que más me ha gustado en pantalla. No diré más para que cada cual lo disfrute en el cine llegado el momento…

Creado este escenario, la peli es una delicia de acción y emoción, con grandes diálogos en escenas relajadas que empiezan a tender puentes al futuro, como la relación entre Wanda y visión, la pelea en la escalera del Capitán América y Soldado de Invierno o las apariciones estelares de Ojo de Halcón y Hombre Hormiga, deliciosamente bien escritas cada una una en su registro cómico o dramáticos. Y todo esto nos lleva al gran conflicto que el público espera vez en esta película, que resulta épico y espectacular como si del más exagerado de los conflictos de las viñetas de Marvel cobrara vida ante nosotros. Lejos de ser una oscura lluvia de golpes que agota al público. El gran momento de la película es una una sucesión de escenas que sin ningún tipo de sonrojo busca el “nerdgasmo” permitiendo a cada personaje disfrutar de unos instantes de gloria. Con esto se colman las expectativas del fan de ver momentos que seguramente lleve toda su vida esperando, como Ojo de Halcón disparando una flechas sobre la que viaja Hombre Hormiga, y también se ofrece a aquellos espectadores que no son lectores de Marvel un rápido resumen visual de por qué Marvel lleva más de cincuenta años vendiendo tebeos y acumulando legiones (y generaciones) de fans y lectores.

Pero como decía, por muy espectacular y gratificante que resulte ese gran momento de la película, no es más que otro engranaje en la maquinaria argumental establecida por los Russo y Marvel. Un compleja red de tramas que no termina en esta película, si no que sigue extendiéndose y preparando el terreno para futuras producciones. Si bien el argumento del Acta de Registro queda establecido, no lo hace sólo como un acontecimiento dentro de esta película, si no que es algo que queda establecido para el futuro de películas de Marvel. Algo similar a lo que ocurrió con la desaparición de SHIELD en Capitán América: Soldado de Invierno, que sigue afectado de manera activa a otros productos como la serie Agentes de SHIELD y que de alguna manera también sirve de antecedente de Civil War. Tenemos un nuevo y sorprendente villano que, como el personaje interpretado por Robert Redford en Soldado de Invierno, trabaja incansablemente en un segundo plano pero cuya aportación a la trama es significativa. Y de nuevo, estupendamente humanizado. Es terrorífico darse cuenta hasta qué punto Marvel consigue que uno piense que el malo de la película, en realidad, ni es tan malo ni hace nada que ninguno de nosotros no haría llegado el momento de verse en una situación similar… Y a pesar de ello, es el malo y realiza una serie de acciones terribles.

Con todo esto no puedo dejar de pensar, con entusiasmo, que Capitán América: Civil War es una de las mejores películas de Marvel, si no la mejor. Evidentemente tiene sus puntos flacos y adolece muchas de las limitaciones propias del género y de las restricciones establecidas por la propia Marvel al crear este Universo Cinematográfico compartido. Y a pesar de todo, resulta brillante. Más cuando la comparamos con otros productos similares (muy recientes) y cuando tenemos en cuenta la dificultad de poner en pantalla de manera consecuente este elevado número de personajes y subtramas. Sólo le pondré una gran pega a la película, y es algo muy personal aunque imagino que la gran mayoría de fans de Marvel y lectores de la saga original del cómic compartirán conmigo, y es que el final a lo mejor requería cierto acto valiente que Marvel ha llegado a realizar. Podría ser algo decepcionante si a cambio, y tras reflexionar sobre ello, no hubiera llegado a la conclusión de que Marvel me ha cambiado ese final que esperaba por un inesperado cambio de juego dentro del UC de Marvel. Y es que, la escena post-créditos de la película, ¿significa lo que creo que sigifica?, ¿ha presentado Marvel su próximo gran movimiento y no nos hemos dado cuenta?

Sigue a Todo Marvel en Twitter: @TodoMarvel o Facebook, y si te gusta, comparte.