El Hechicero Supremo de Marvel llega al Universo Cinematográfico cargado de psicodelia
Por Chema Mansilla

Tras ver Doctor Strange, como fan de Marvel me debato entre dos sentimientos. Por un lado la película (cómo los últimos cómics de la editorial) han conseguido seducirme con un personaje que nunca ha sido de mis favoritos de Marvel. Por el otro, todavía emocionado por Capitán América: Civil War, tengo que reconocer que la película no ha estado a la altura de mis expectativas. Y no es, en absoluto porque sea una mala película. Pero tampoco es una pelícila sobresaliente. Es más bien ramploncilla, cumpliendo con todos los tópicos de una historia de origen que sirve para presentar al personaje. Un personaje que se ve aparentemente forzado a tomar el relevo de Tony Stark en la películas. Tanto recuerda este Doctor Strange a la primera cinta de Iron Man que incluso los chistes resultan predecibles.

poster-doctor-strangeMi mayor problema con esta película es precisamente ese, que más allá del apartado visual, aporta más bien poco. Ahora hablaré de la locura alucinógena de la película, antes permitidme que trate de sintetizar mi decepción con la película. Si hay un personaje con el que Marvel podía romper todo tipo de normas narrativas y darle más espacio a su universo, era ésta. Y a pesar de que abre, como era de esperar, la puerta al universo mágico de Marvel, tampoco deja pasar gran cosa. Sirve como mera presentación, pero tal vez Marvel debería haber explorado alguna idea que otra de las muchas que hay en los cómics en este sentido. A pesar de ello ya mencionada, aunque de pasada, el concepto multiverso. Tal vez nos esperen grandes cosas en ese sentido en el futuro. Pero en el presente y futuro inmediato sólo se nos ha dejado ver muy tímidamente este aspecto. Tal vez mis expectativas eran demasiado altas en ese sentido…

La película nos presenta al Doctor Strange, y como pasa de ser un cirujano de éxito con una personalidad insoportable a un hechicero en ciernes con todo macrocosmos de magia que aprender a dominar. Benedict Cumberbatch se deja perilla para la ocasión, y aunque se puentra competente y carismático, se nota que el personaje se encuentra encorsetado en los planes del estudio para llenar el hueco de Tony Stark en las futuras películas de Marvel.
Aunque el resto del reparto cumple sin más, hay que destacar, para bien, la criticada elección de Tilda Swinton como El Anciano, y para mal, a un desaprovechado Mads Mikkelsen, que parece que simplemente estaba de pasada por el rodaje de camino a Star Wars Rogue One.

A partir de ahí, la parte más convencional de la estructura de la película, cruzamos al plano astral del apartado visual, donde esta cinta destaca y motivo más que suficiente para ir a cine a verla. Doctor Strange lleva aquello del “no hay cuchara” de Matrix a las pelis de Marvel. Y el resultado está a la altura de aquellas locuras visuales de Steve Ditko que tanto marcaron los primeros momentos de vida del personaje en las viñetas. El espectáculo de ver las ciudades plegarse sobre sí mismas, a un escala mucho mayor de lo que jamás llegó a insinuarse en Origen, es digno de ser experimentado. Aunque no sé hasta qué punto recomendaría hacerlo en 3D por lo que tiene de mareante. La deformación de tiempo, espacio y percepción es apoteósica, y me ha enamorado como seña de identidad de esta película. Más todavía cuando entramos de lleno de realidades alternativas, universos literalmente caleidoscópicos, esferas de realidad que son un espectáculo discotequero, de colores fluorescentes y luz negra, que parecen pintados en pantalla con la misma esencia lisérgica de los cómics más locos del personaje.

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Quiero mencionar a parte el aspecto más práctico de la magia de Stranges y el resto de hechiceros de la película, que ponen en pantalla de una manera magistral todos esos encantamientos que hemos visto dibujados tantas veces y que en ocasiones resultaba incluso difícil de imaginar al leer los cómics. Incluso los combates me parece que han sido readaptados con genialidad a pantalla y a los gustos actuales del público. A parte del puro duelo de voluntad y habilidad que requiere el uso de la magia, además su puesta en práctica se fusiona con el uso de las artes marciales y el resultado es simplemente precioso.

Para terminar la crítica, quiero hablar de los dos elementos más representativos de Doctor Extraño. Por un lado, El Ojo de Agamotto, del que no daré demasiados detalles para evitar algún que otros spoiler de la trama. ¿Quién nos iba a decir a los marvelitas que llegaríamos a ver el Ojo de Agamotto en una peli de gran presupuesto? Pues además está hecho de tal manera que ningún fan de Extraño podrá sentirse defraudado. El otro elemento, claro, es la Capa de Levitación, que en esta película llega a convertirse en un secundario más del reparto. Sirve además de resumen de la película: resulta una plasmación deliciosamente perfecta en pantalla del original del cómic, pero en algún momento puntual resulta algo cargante, con bromas sostenidas durante más segundos de metraje de lo que debería, o situaciones demasiado forzadas. y a pesar de ello, no puedes evitar salir del cine y querer llevar una capa sobre los hombros.

Desde luego Doctor Strange no es la mejor película de Marvel, pero logra adaptar con éxito en pantalla las partes esenciales del personaje original. Lo más difícil, seguramente. Pero flojea bastante a la hora de contar una trama original, quedándose en una historia plana y predecible, pero que promete hacer de Strange uno de los grandes nombres de Marvel en el cine.

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