Los miembros más vigorosos de Todo Marvel y Cabezas Cortadas seleccionan sus etapas preferidas del personaje en el cómic.
Por Javier Jiménez, Javier Marquina y Chema Mansilla

Lo admito, soy un neofito en lo que se refiere a los cómics del Capitán América. La mayor parte de lo que he leído del personaje ha sido durante estas semanas, motivado por la nueva película. El personaje nunca me había atraído más allá de las etapas de Brubaker y Remender, aunque fuese solo por los autores.
Por Javier Jiménez

Sin embargo, si en este tiempo le he cogido algo de cariño al personaje ha sido gracias a Mark Waid. Llegó a la colección en el 95 para desterrar a la purrela noventera de la colección trayendo al personaje de vuelta en su faceta más clásica con Operación Renacimiento. Cómic bien escrito marca de la casa Waid, que resucitaría al personaje más allá de lo metafórico. Incluye un team up con Cráneo Rojo, ¿qué más queréis?

Más tarde coincidiendo con Heroes Return relanzaría de nuevo al personaje volviendo con unas historias de corte clásico. Que darían por concluidos los 90 en la colección y que nos traería unas historias como Servir y Proteger que volvían a sacar a la luz al bueno de Steve Rogers como el soldado al que admirar pero no idolatrilizar. Conceptos buenos y guiones entretenidos para olvidar lo que había sido la colección recientemente. *

Sin embargo, para mi Waid escribe uno de los cómics imperdibles del personaje, Hombre Fuera de Tiempo (2011). Una serie limitada que volvía a contar la vuelta a la vida del Capitán América después de pasar una buena temporada “al fresco”. Para mí este cómic define a la perfección quién es el Capitán América, quién es Steve Rogers y por qué el Capi es un personaje Marvel tan especial. Waid se zambulle en el personaje, en ese concepto de hombre fuera de tiempo y lugar, la melancolía procedente de haberlo perdido todo y de la determinación de volver a levantarse y luchar. El segundo cómic del Capitán América que deberías leer si no conoces al personaje (El primero es Captain America #109 por Stan Lee y Jack Kirby).

En definitiva Waid ha sido uno de los autores modernos que mejor se ha sabido acercar a la figura del Capitán América con una prolífica etapa que nos deja grandes cómics.
*Véase Capi con tetas

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EL CAPITÁN AMERICA DE STERN Y BYRNE: NOSTALGIA DE LA BUENA.

Sigo anclado en el pasado. Pero es que con anclas de estre calibre, es difícil no quedarse ahí para siempre.
Por Javier Marquina.

He de confesarlo. Soy un nostálgico. Un sentimental. O quizás es tan solo que soy un ser sensible e impresionable que quedó profundamente marcado por lo que le sucedió en su niñez y adolescencia. Esas marcas indelebles que te dejan recuerdos. Como leer La Historia Interminable con 10 años, It sobre una lavadora o “El Antricisto” de Nietzsche a los 17. Entre otras muchas cosas que me sucedieron hace años, a mí lo que me pasó es el Capitán América de Roger Stern y John Byrne. Por ejemplo.

Los ochenta fueron para mí esa época dorada en la que comprendí que si tenía que ser de alguien, tenía que ser de Marvel. El Daredevil de Miller, La Patrulla X de Claremont, Los 4 Fantásticos de Byrne, el Thor de Simonson… cómics sensacionales que forjaron al friki que hoy llena su estantería de toneladas de papel llenos de gente embutida en mallas. Ese mismo que, ya sabéis, echa de menos aquellos maravillosos años. Y ya es hora de hacer justicia. Muchas veces, al nombrar a los pilares de aquella época excelsa, tendemos a olvidarnos de uno de esos guionistas que al escuchar su nombre, nadie pone mala cara; nadie es capaz de decir algo malo de él; nadie puede recordar una mala etapa, un mal cómic, una mala historia. Mi amado y admirado Roger Stern.

Roger Stern es uno de los guionistas más solventes, capaces y entretenidos que ha tenido jamás Marvel. Es uno de esos claros ejemplos de que no hace falta ser Faulkner o Cortázar en cada línea que escribes, y que a veces el material de digestión sencilla escrito con talento y oficio, se convierte en un grato recuerdo que nos acompañará siempre. Todos aquellos que recuerdan su paso por Spiderman o Los Vengadores sabrán de lo que hablo. Parece fácil pero no lo es. Entretener sin complejos, como un perfecto reloj, con la precisión apabullante que te proporciona un conocimento total del medio y una imaginación voraz. Peter Davids del mundo, reclamad lo que es vuestro.

Si además, a los guiones de Stern unimos a un John Byrne en su mejor momento, pletórico, ágil, dinámico, lleno de energía, de magia y de recursos, lo que obtenemos es una etapa del Guardián de la Libertad que yo sólo puedo calificar como antológica. Qué bueno era John Byrne cuando era leyenda y en lo que se me ha quedado ahora… ainssss… pobrecico…

En fin…

Aunque esta etapa no es ni mucho menos desconocido ya que la gente suele identificarla por el icónico número en el que El Capi es propuesto para ser presidente de los Estados Unidos de América, yo debo decir que si por algo la recuerdo es por esa excelente historia del Barón Sangre, con muchos de los mejores momentos que yo recuerdo en un cómic de superhéroes. Una historia brillante, divertida, aterradora, trepidante, trágica, mágica y llena de nostalgia. Y en apenas tres números americanos. Madre de Dios, la de cosas que hemos perdido por el camino…

Paninicomics recopiló no hace mucho esta excelente etapa de cómic de superhéroes bien hecho, del de antes, del que se hacía sin pretensiones, sin pensar en el tomo recopilatorio, en la película, en la figurita de turno. Cómic grande hecho por gente que es puro oficio, artesanos, profesionales de los suyo, gente con talento pero sin ínfulas, sin ese aire de superestrella (John Byrne aparte) que acabó por deformarlo todo. Cómic clásico del que convirtió a toda una generación en zombies irredentos de unas historias maravillosas.

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Brubaker renueva al personaje, su universo y da pie a la secuela que llega mañana a los cines
Por Chema Mansilla

De vez en cuando hace falta hacer un poco de limpieza. Que entre aire nuevo y limpio. Y Marvel suele hacer eso con sus cabeceras aproximadamente una vez al año. Cuando Brubaker llegó a la colección de Capi, procedente de Daredevil y sus oscuras historias criminales, muchos dudamos de que fuera el autor adecuado para la serie. En la Civil War el Capi había recuperado cierto protagonismo y yo mismo pensé que no era el momento para hacer experimentos. Pero Brubaker y Marvel no hicieron caso a mi silenciosa y telepática sugerencia y nos regalaron una de las etapas más gloriosas del personaje. Y sin hacer nada nuevo…

Por un lado tenemos Brubaker se saca de la manga que Bucky no estaba ni muerto, ni de parranda. Si no en una nevera soviética, a lo Walt Disney, convertido en un fantasma de la guerra fría. De nuevo, la idea de que el bueno de Bucky no la palmó en la Segunda guerra Mundial. Conseguir traer de vuelta al personaje, (esta vez de verdad de la buena, no un imitador como tras veces) y darle personalidad suficiente es ya todo un logro, que consiguió reintegrar el personaje en el Universo Marvel actual. conseguir eso haciendo además que Bucky sea una reflejo oscuro del Capi es ya algo digno de elogio. Y es que reflejos “oscuros” del Capi ha habido varios, desde el Capi demente de los 50 a Nuke (recientemente visto en las páginas de Capitán América), pero todos villanos segundones y episódicos. Hacer que Bucky fuera un capi malo (pero malo de verdad) dispuesto a meterle fuego a todo fue una buena idea genialmente desarrollada por Brubaker.

Se consiguió crear un personaje con tanta personalidad que… ¿para qué necesitamos un Capitán América? Así que Marvel mata (aparentemente) al Capitán América en barbecho, convirtiendo a Steve Rogers en el nuevo Nick Furia y a Bucky, el flamante y acojonante Soldado de Invierno, en el Capitán América. ¿qué puede molar más que el Capi? El Capi con un brazo robot. Y además, que se enrolle con la Viuda Negra. Un montón de nuevas-viejas ideas que de buenas a primeras y con completa y total naturalidad, cambian de arriba a abajo toda una institución dentro de Marvel, pasando de un cómic más de superhéroes a una interesante y épica historia de agentes secretos y tramas conspiranoicas.

Hay muy pocos autores capaz de insuflar nueva vida, de meter aire fresco como decía antes, en una serie (con un protagonista tan constreñido y veterano) como la de Capitán América.

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