La verdad es que teniendo en cuenta a los autores de esta obra, uno esperaría algo más que la anécdota divertida que acaba siendo. Warren Ellis también tiene que comprarse las lentejas en el súper de su barrio.
Por Javier Marquina.

Es curioso lo que está pasando con los cómics Marvel en la actualidad. El desmesurado éxito de las películas basadas en las franquicias de la gran compañía americana parece estar teniendo un efecto casi contrario en la calidad de los cómics que edita, y entre la inmensa cantidad de lo que publica, cada vez cuesta más encontrar obras de aquellas que significaron y significan todo en la historia de este arte moderno. Se hace mucho, pero pocas cosas se hacen realmente bien. Demasiado trámite. Demasiada historia para salir del paso. Demasiado “vamos a sacar otra colección ya que estamos, que hay que aprovechar el tirón”.

Warren Ellis es, sin ninguna duda, uno de mis guionistas favoritos. Creo que su talento es indiscutible y nos ha dado a día de hoy muchos de los mejores tebeos de los últimos 20 años: Planetary, Transmetropolitan, The Authority, aquellos gloriosos números de los Thunderbolts… La lista es variada y extensa. También es cierto que muchas veces trabaja para comer, dejando aparcadas las cosas que realmente le gustan, y esos trabajos alimenticios, los que buscan el cheque que le llene la nevera a fin de mes, son cada vez más obvios para el lector. Y siento decirlo, pero este LOS VENGADORES: LA GUERRA INTERMINABLE sin duda lo es. Carne de intercambio por una lata de judías Heinz y unas cuantas pintas en el bar de la esquina que llenen el estómago del señor Ellis.

Aprovechando el inmenso tirón de la película de Los Vengadores, Marvel ha sacado una legión de colecciones regulares, reediciones, especiales y derivados, inundando las librerías de todo lo que pueda oler a ‘A’ mayúscula y dar jugosos dividendos. Metemos en un número especial a los personajes más carismáticos de la casa, que casualmente son los que o bien protagonizan películas de éxito o bien salieron en nuestra película estandarte, contratamos a un par de autores de talento, et voilà, éxito asegurado.

LOS VENGADORES: LA GUERRA INTERMINABLE es un producto de acabado impecable, edición en cartoné, papel satinado, diseño preciosista, algún que otro caramelo convertido en contenido extra como la introducción escrita por Clark Gregg (El agente Phil Coulson, una vez más el cine se come al papel) y ese olor a cómic nuevo que tanto me gusta, pero al final, esta nueva iniciación a la novela gráfica es un producto insustancial, una historia vacía que no cuenta nada trascendente y que, me temo, olvidaremos a las dos horas de haberla leído. Warren Ellis sigue proporcionando algunos de los diálogos más divertidos que uno puede leer a día de hoy, pero lo hace con un envoltorio de trámite y una historia hecha para la ocasión y acabada para la ocasión. Sin más. Un cómic que se lee del tirón, que entretiene, que divierte y que se deja en la estantería con la misma facilidad. No voy a decir que conseguir esto a día de hoy sea fácil o no sea meritorio, pero cuando una tiene en cuenta el formato de la obra y el autor que la acomete uno espera mucho más. Una historia de las que te marcan y recuerdas para siempre, y no un capítulo más de aquellos primeros números de Vengadores Secretos también guionizados por Ellis. Y es que es eso lo que parece. Un número de colección mensual engordado para la ocasión. Y yo, la verdad, esperaba algo más.

Mucho más.

Por fortuna para mí, el dibujo de Mike McKone sí brilla gracias al formato como merece.  Nunca ha sido un dibujante que me deslumbre, pero le reconozco solidez y oficio, y más nivel que muchos de los que ahora se dedican a rellenar páginas tanto en Marvel como en DC. Con un estilo más afilado y menos redondo, McKone nos ofrece grandes páginas acompañadas por el color que se sale de las páginas del siempre grande Jason Keith. Es cierto que las versiones ofrecidas de los héroes clásicos pueden gustarte más o menos y ser discutibles, pero que McKone es un dibujante con talento y que se esfuerza porque esta obra parezca algo más que un número mensual de una colección de Los Vengadores cualquiera es más que evidente, y merece la pena reconocérselo.

LOS VENGADORES: LA GUERRA INTERMINABLE es al final un trámite muy bien editado, de factura impecable, de tacto perfecto. Es como una mujer objeto que llevar a cenar colgada del brazo, que te ríe las gracias y te recita los cuatro chistes que le han enseñado en la academia de meretrices pero que, a la hora de la verdad, no te sigue hacia los terrenos de las conversaciones profundas porque es incapaz de pensar. Buena presencia, buen dibujo, diálogos divertidos y perfectamente olvidable. Un aquí te pillo aquí te mato en toda regla.

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