Doy gracias a las películas por lo que conllevan. Por lo que traen adosado. Por lo que consiguen provocar. Doy gracias a las editoriales por hacer bien las cosas. Por reeditar material que me forjo como aficionado. Doy gracias a la madre de Simonson por haberle parido y a Simonson, en particular, por parir a su vez a Thor.
Por Javier Marquina.

Contemplo alucinado como las películas de superhéroes arrasan en el cine. Arrastran a cientos de miles de personas a las salas y lo llenan todo de merchandising con el que antes no podía sino soñar. Para alguien como yo que creció en los 80 con el sueño de ver a sus héroes favoritos moviéndose dentro de una pantalla, ésta es una era de asombro, de lagrimilla fácil y, aunque no todas las películas nos dan lo que deberían, de felicidad.

Por si fuera poco, esta avalancha continua de películas superheroicas impulsa a las editoriales a reeditar material clásico y fundamental de cada uno de los héroes protagonistas y, como no podía ser de otra manera y ante el estreno de Thor: El Reino Oscuro, Panini ha reeditado en España una de las mejores (si no la mejor) etapas del personaje: el Thor de Walter Simonson.

Partiendo de la edición remasterizada del ómnibus americano, Panini nos presenta esta etapa imprescindible en dos tomos que saldrán consecutivamente los meses de octubre y noviembre. Dos tomos, debo decir, de los que da gusto tener entre las manos, de esos que guardas en la estantería y miras con orgullo cuando pasas a sus lado. Dos tomos de una edición de calidad y de un tamaño adecuado para la lectura, que ya empiezo a estar cansado de estos tomos gigantescos en tamaño o en páginas, que hacen que manejarlos sea como ir a una prueba de halterofilia. Basta ya de ediciones ‘Absolute’ con las que podrían lapidarte. Basta ya de tomos de 5.000 páginas que te doblan en peso. Los cómics hay que leerlos, y para eso hay que poder levantarlos. La edición de Panini cumple a la perfección este requisito sin perder un ápice de calidad ni de belleza. Un aplauso para una decisión inteligente en medio de un mar de tomos poco prácticos.

Si entramos en materia y hablamos de lo que supone el trabajo de Simonson en sí, estamos hablando con uno de los cuatro cómics más importantes de la Marvel de los años 80 y probablemente con uno de los mejores 10 de toda su historia. Otro de esos tebeos que se dejaron en manos de un autor joven y con talento para que, básicamente, hiciera lo que quisiera con el personaje. Y vaya si Simonson lo hizo. Desde desfigurar al dios, transformarlo en rana, enfrentarlo al apocalipsis, hasta crear uno de los personajes más entrañables y con nombre más ridículo de la historia: Billy Rayos Beta. Basándose en un trabajo de investigación exhaustivo sobre la mitología nórdica, en el inteligentísimo uso de las subtramas, en unas portadas que juegan con el logo como elemento orgánico en la composición, con páginas llenas de energía al viejo estilo Kirby, en las que hasta las onomatopeyas forman parte de la trama, Simonson consigue entretenimiento puro del más alto nivel. Diversión no pretenciosa, pero llena de pretensiones. Cómics clásicos, de los que definieron lo que deberían ser los cómics de verdad y de lo que tanto deberían aprender los autores de hoy en día, más preocupados de las cifras que de la diversión.

Además, y por si fuera poco, la digitalización del color juega a favor de la obra, que brilla con luz propia en el papel de calidad del tomo, haciendo que esta sea una compra imprescindible para todos aquellos que quieran acercarse al mejor Thor, a los mejores cómics y a uno de los grandes autores de aquella Marvel que nos dio todas las alegrías posibles.

Un acierto mayúsculo. Imprescindible. Quizá no salga al precio más ajustado para la situación económica actual, pero se acercan las Navidades y todos acabamos escribiendo una lista para nuestros queridos Reyes Magos de Oriente…

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