Marvel lleva a Mark Spector a la frontera con la locura
Por Chema Mansilla

Algo tiene Caballero Luna, que de ser un remedo marvelita de Batman ha conseguido tener una personalidad propia dentro de Marvel. Ese algo, seguramente, tenga mucho que ver con los buenos guionistas que durante todos estos años han sabido buscarle un punto especial al personaje que no comparte con otros “cruzados enmascarados”. Especialmente en los últimos años de vida del personaje, donde Mark Spector, el hombre bajo la capucha blanca, ha vivido en el estrecho límite que separa cordura y locura. Ya vimos cóomo durante una temporada Spector oía las voces de Spider-Man, Lobezno y el Capi. Durante la reciente (y estupenda) etapa de Ellis el personaje se consolidó como uno de esos outsiders que los lectores han sabido valorar muy positivamente como una de las mejores series de la Marvel actual, lejos de los grandes eventos vengativos o el acercamiento al Universo Cinematográfico.

De nuevo, ahora con Jeff Lemire a los guiones (también responsable de la interesantísima serie actual de Old Man Logan) y Greg Smallwood como dibujante, tenemos a Mark Spector en uno de sus momentos más bajos. La historia arranca con Spector encerrado en una institución mental donde todo parece respaldar los mayores temores del personaje: realmente está loco. Toda la historia del Caballero Luna no es más que un delirio que Spector ha creado para huir de la realidad. O tal vez no. El caso es que la manifestación del dios lunar egipcio como un tipo trajeado con cabeza de cráneo de ave que te habla de la importancia de tu papel en una lucha entre grandes poderes cósmicos tampoco es que pueda considerarse como algo que la gente mentalmente estable haga todos los días.

La nueva trama de la serie recuerda por momentos a películas como Doce Monos o K-Pax. donde se plantea la duda de si el loco, por muy estrafalarios que son su delirios, está loco o no. En este caso el lector tiene la ventaja de saber que el Caballero Luna es real, pero Mark Spector no lo tiene tan claro. Según avanza la serie veremos como Spector toma una decisión sobre si su personalidad de Caballero Luna es real o no, y cómo eso hará que se relacione con la realidad que le rodea. No daré más detalle para no estropear la experiencia a los lectores. El caso es que este relato supone una interesante vuelta de tuerca al personaje, y añade una capa más a ese interesante aspecto del Caballero Luna como un tipo con serios problemas de esquizofrenia que manifiesta distintas personalidades incluso como vigilante y héroe. Una lástima que cuando Caballero Luna comparte aventuras con otros personajes de Marvel pierda esta complejidad psiquiátrica y se vea reducido a ser otro aventurero enmascarado.

En paralelo al interesante aspecto narrativo tenemos un sorprendente apartado visual. Smallwood es un dibujante que no ha destacado demasiado en los pocos trabajos que ha realizado para Marvel hasta la fecha, como la serie de Agentes de SHIELD lanzada tras la serie televisiva de Coulson y compañía. Pero en estos número se desmarca como un solvente dibujante todoterreno capaz de un limpio trabajo de línea donde la estructura interna de la viñeta marca ritmos narrativos muy similares al grandioso trabajo de Aja en Ojo del Halcón. La gran sorpresa viene cuando este artista sufre su propia crisis de identidad y se convierte en otro dibujante completamente distinto que acompaña a Spector en sus vaivenes con la realidad, con un dibujo mucho más vibrante. en conjunto este cómic se convierte en una de las más gratificantes experiencias narrativas y visuales de la Marvel actual.

Sin duda la actual etapa (2016) de Caballero Luna es uno de esos títulos de segunda fila, que tal vez no acaparen la atención de aquellos lectores más interesando en los eventos anuales o que llegan al cómic gracias a las adaptaciones cinematográficas, pero que mantienen sólida a Marvel. Caballero Luna reafirma a Marvel como una editorial llena de posibilidades y contrastes, con títulos para todo el mundo, y en este caso, una pequeño tesoro para lectores más maduros ávidos de tramas más reposadas y profundas. Una lectura totalmente recomendable para los que quieran asomarse al lado más oscuro del mundo de los pijamas de superheroes.

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