La nueva película de los mutantes de Marvel se convierte en el título más pretencioso de la saga
Por Chema Mansilla

 

La Patrulla-X (porque siempre será la Patrulla-X) regresa a los cines con un gran despliegue de medios, y el director que la llevó por primera vez a la gran pantalla a los mandos. X-Men: Días del Futuro Pasado toma su nombre de una de las mejores sagas protagonizadas por estos personajes en toda su vida impresa. Pero más allá del título, poco tiene que ver esta película con aquella obra maestra. Dejaremos de lado las comparaciones evidentes y que, como fan de los cómics, me hacen renegar de esta película. Simplemente diré que comprendo que cambiemos el protagonismos de Kitty Pryde a Lobezno, por el simple hecho de que Hugh Jackman siempre atraerá a más gente al cine si su foto sale en grande en los carteles.

X-Men: Días del Futuro Pasado es la historia de dos regresos. Por un lado, y desde un futuro terrible donde mutantes y humanos son diezmados por terribles centinelas (no sabemos muy bien bajo órdenes de quién), la consciencia de Lobezno es enviada a su yo más joven. El Logan de pelo canoso y apaciguado temperamento totalmente integrado en el “Espíritu Xavier” despierta en el Logan (pre-Lobezno, pre-garras de metal) de los años sesenta con la misión de unir a unos irreconciliables Xavier y Magneto y evitar así el futuro del que procede.
El segundo regreso es el de Bryan Singer, el director que nos convenció a todos de que los mutantes eran reales y que sí, que se podía soñar con pelis de personajes Marvel que fueran BUENAS.

Durante los pocos instantes en los que el fanboy de mi interior deja de gritar emocionado por ver a todos esos personajes que adora en la pantalla, peleando y haciendo cosas chula, hay una parte más crítica que dice que esta peli es “flojuna”. Los motivos son, en general, los de siempre para este tipo de películas: Si hay muchos personajes, la mayoría de ellos son meros comparsas con un par de líneas de diálogo que simplemente están ahí para, en algún momento puntual, realizar alguna acción en la trama y desaparecer. Si hay viajes temporales se crean paradojas y profecías autocumplidas de las que los guionistas se ven obligados a huir o dinamitar. En concreto para X-Men: Días del Futuro Pasado nos encontramos con una película llena de mutantes, personajes que a duras penas pueden justificar su presencia más allá del “yo es que salía en las películas anteriores” o “yo es que en el minuto 56 de metraje soy el que tiene la solución para una irresoluble situación, pero luego desaparezco sin más porque no le importo a nadie”. Es genial volver a ver a Tormenta, aunque sea la sosaina de Halle Berry y durante el metraje haga poca cosa de interés, más allá de lanzar tres o cuatro rayos y poner los ojos en blanco. A pesar de ello, y de sus 6 minutos en pantalla, el nombre de la actriz aparece de los primeros en los créditos, con letras bien grandes,  que para eso tiene un Oscar. Y es sólo un ejemplo.
Respecto al viaje temporal, Logan viaja al pasado para evitar algo de termina sucediendo porque “a lo mejor es algo que TIENE que pasar y por eso pasa, de manera inevitable”. Ni que decir tiene que sí es evitable… Pero no del todo. Me explico: Todo el mundo comprenderá (SPOILER) que Logan completa con éxito su misión, reinicia la línea temporal y su terrible futuro no llega a suceder. Genial. Pero no evita, por ejemplo, ser capturado por Stryker y que se inicien con él los experimentos de Arma-X. Sí evita, sin que nadie se moleste en explicarlo, que muera Jean Grey (y de paso Cíclope). ¿Por qué unas cosas sí, y otras no? En su nuevo y utópico futuro Charles Xavier recuerda al Logan que conoció en su juventud, pero el resto de mutantes que le conocieron (Magneto, Mística…) o bien no hacen acto de presencia (evitando así una incómoda situación para los guionistas) o bien parecen no recordarle en absoluto, como en el caso de Bestia (para sonrojo absoluto de los guionistas). Sin olvidar que Logan sea una paradoja andante y con patillas, ya que no recuerda nada entre los años 60 y su regreso a un futuro que ya no es el suyo. El resto son incongruencias y detalles que no casan con lo visto en anteriores películas, pues ya nos dijo Singer antes del estreno que nos olvidáramos de los detalles. Y lo hacemos, dejando de lado al fanboy, pero también el espectador está obligado a obviar ciertos agujeros de guión de bulto (así como escenas vergonzosas como el conveniente “ataque epiléptico” de Lobezno justo cuando podría haber solucionado de golpe toda la trama) si quiere disfrutar de esta película .
Si dejamos que el fanboy tome los mandos, nada más empezar la película veremos que Kitty Pryde tiene el poder de atravesar paredes, como en los tebeos, pero también el de hacer que la consciencia de la gente viaje al pasado. ¿Por qué? Porque sí.

Todo esto crea un batiburrillo de grandes actores y estupendas actuaciones junto a grandiosos efectos especiales y un montón de diálogos ridículos y metraje innecesario. Un motanje por momentos TERRIBLE y escenas reiterativas, gratuitas y, en ocasiones, algo tontas,  que lastran no sólo esta película, si no la estupenda entrega anterior, Primera Generación, y los primeros productos de la saga. Y la culpa no es de otro que de Singer, que lanzó la franquicia, huyó cuando el barco empezó a hacer aguas, seducido por los cantos de sirena del vil metal y el bañador speedo de Superman Returns y que regresa ahora como gran director, para no conseguir otra cosa que empañar el gran trabajo de Matthew Vaughn. Y es que esta película es un ejercicio puramente masturbatorio, en el que Singer sólo busca revivir viejas glorias tratando de hacerle recordar machacona e insistentemente al espectador las anteriores películas de la franquicia. Singer se da tanto protagonismo tras la cámara de esta película que lastra el trabajo de sus actores principales y el carisma de los personajes.

X-Men: Días del futuro pasado apela al corazón de los fans haciendo uso de la premisa de uno de los mejores momentos vividos por la franquicia en las páginas de Marvel. Arrastra al cine a legiones de espectadores con unos tremendos (¡TREMENDÍSIMOS!) efectos especiales (genial la escena de la fuga protagonizada por Mercurio) y un casting digno de envidia, desde Fassbender a Stewart, a un Peter Dinklage que vive un momento dorado. Pero luego ofrece un producto olvidable como cualquier otro blockbuster veraniego de medio pelo, con un montaje torpe, una trama endeble y un montón de personajes grises sin espacio para lucirse. Triste regreso el de Bryan Singer, más si tenemos en cuenta el gran potencial que ofrecía esta película en todos los aspectos creativos.

Sigue a Chema Mansilla en Twitter: @ChemaMansilla